Condenados a la inseguridad, por Roberto Quintero

En los últimos días me he sorprendido a mi mismo en pensamientos desesperanzados, lógicamente tris y sin motivación, cosa que no le conviene a nadie y que particularmente a mí me juega en contra.

El motivo de estas sensaciones es, sin lugar a dudas, la inseguridad.

En el pasado, cuando era niño, escuchaba de algunos casos de homicidios y robos con cierta extrañez, eran hechos aislados lejanos a mi entorno, nada de qué preocuparse.

Creo que puedo decir que fui la última generación de adolescentes que transitó por las calles de su pueblo a altas horas de la madrugada más preocupado por un espanto que por los ladrones, hoy en día andar de noche y escuchar una motocicleta que se aproxima es mi peor pesadilla.

Hace un par de semanas todos nos consternamos con la muerte del señor Villarreal…

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