¿Confiamos en lo natural o en lo sintético?, por María Rivero.

Cuando decimos que algo es natural, solemos referirnos a que lo encontramos libre en la naturaleza, que forma parte de las plantas, la tierra o los animales; donde el hombre desempeña un papel fundamental en su equilibrio. La química con otras ciencias medioambientales, ha desarrollado nuevos procesos, técnicas y productos que nos permiten aprovechar mejor los recursos que el medio nos brinda y, al mismo tiempo, producir un impacto mínimo sobre el equilibrio natural del sistema. Ella se encarga de estudiar las propiedades, la estructura y las transformaciones que sufre la materia, y es que todo lo que hay en la naturaleza, todo lo que ahora mismo podemos observar a nuestro alrededor, es materia.

Diariamente observamos que la principal estrategia de marketing es la frase:

“100% natural”. Esta publicidad presupone una diferenciación entre las cosas naturales que son las buenas, y las que tienen química, que son las nocivas. Bien se sabe, que existen cosas naturales, que se encuentran libres en la naturaleza, y otras artificiales o sintéticas, que son creadas en el laboratorio. No obstante, que una sustancia se extraiga de la naturaleza o se sintetice en un laboratorio no la hace ni mejor ni peor, ya que se trata exactamente de la misma sustancia, constituida por los mismos átomos unidos entre sí de la misma manera; así que sus propiedades van a ser las mismas y será imposible distinguir una de la otra.

Las empresas utilizan la publicidad como herramienta para ofrecer a los consumidores cualidades de su producto mejores que el de la competencia. Un claro ejemplo se refleja en los productos alimenticios, específicamente los dedicados a producción de Lácteos, independientemente de las marcas comerciales utilizadas, suelen decir: enriquecida con calcio. Por definición, el calcio es siempre natural, ya que todo el que encontramos en la naturaleza ha sido creado en una estrella, así que todo el calcio que se añada a la leche se ha extraído de la naturaleza, de una forma u otra. No se sintetiza calcio en un laboratorio porque sería absurdo, ya que la naturaleza nos lo brinda en abundancia y es fácilmente extraíble, además de tratarse de un elemento químico.

¿Qué sentido tiene extraer el calcio de la leche para incorporarlo a otra leche que podamos vender como enriquecida con calcio? ¿Qué haríamos con la leche que se queda sin calcio? ¿Serviría para algo? Sería una práctica no sólo económicamente inadecuada, sino, además, muy poco ecológica. Por este motivo lo que suele hacerse para fabricar este tipo de leche es añadir calcio de procedencia mineral en forma de sales, como las que ya contiene la leche, como citrato de calcio, acetato de calcio o fosfato de calcio, y además añadirles proporcionalmente vitamina D para que este calcio se asimile adecuadamente y sea saludable.

La estrategia de marketing es clara y muy atractiva para el consumidor. En cambio, decir que el calcio es natural o que procede de la leche induce al consumidor a pensar que es más saludable. Gracias a la química sabemos que no es así, que independientemente de la procedencia del calcio, en nuestro organismo el efecto de uno y otro va a ser exactamente el mismo, ya que se trata del mismo elemento químico.

El principal carbohidrato que contiene la leche es la lactosa, nuestro organismo produce de forma natural una enzima llamada lactasa que es capaz de romper la lactosa en sus dos componentes haciendo que estos dos monosacáridos ya puedan ser absorbidos por el intestino. Si nuestro organismo ya produce naturalmente la enzima lactasa, ¿por qué se le añade a estos productos? Una parte de la población sufre un déficit de producción de enzima lactasa en su organismo, lo que conocemos como intolerancia a la lactosa, la leche sin lactosa, por tanto, es un producto destinado exclusivamente a personas con intolerancia a la lactosa, aunque a menudo la publicidad vaya dirigida al público general. La estrategia de marketing puede inducir a error, ya que presupone que estos productos son beneficiosos para todo el mundo cuando en realidad no es así.

Indudable es que la química ha permitido que los intolerantes a la lactosa puedan consumir lácteos y eso, sin duda, es un gran avance. Existen productos lácteos que al ser elaborados pierden la lactosa y también son aptos para intolerantes a la lactosa. Lo curioso es que algunos de ellos también utilizan el reclamo de productos sin lactosa cuando en realidad el producto original no llevaría este glúcido. Por alguna razón la idea de los productos sin química ha resultado ser una estrategia convincente, casi de la misma manera que la estrategia de lo natural. Ni siquiera podemos afirmar que un producto vaya a ser más seguro que otro, porque a día de hoy contamos con la garantía de que todos los productos del mercado son seguros, ya que para llegar a él han tenido que pasar rigurosos controles sanitarios y de calidad.

Todo lo que consumimos es seguro, siempre, y lo que no esté debidamente etiquetado, lo que tiene dudosa procedencia, es precisamente de lo único de lo que no podemos ni debemos estar seguros. Una leche que no ha sido controlada, que no esté correctamente etiquetada, que no haya sido debidamente pasteurizada y envasada, no deberíamos consumirla. No es más natural, sólo es más insegura.

 

Prof. María Elena Rivero

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