Lo desconocido de la materia orgánica, por María Rivero

En 1926, el bioquímico estadounidense James B. Sumner consiguió aislar unos cristales cuando estaba trabajando con una enzima que se hallaba presente en el jugo de un tipo de judías y comprobó que, si esos cristales permanecían disueltos, producían una reacción muy activa, pero si se destruían, la reacción no tenía lugar; así que llegó a la conclusión de que había aislado las primeras enzimas. En el futuro se pudo determinar que esa primera enzima aislada era de naturaleza proteica, igual que el resto de las enzimas que se fueron aislando con el paso del tiempo. Todo este largo e infatigable proceso de investigación en busca de respuestas, llevado a cabo por todos estos científicos y muchos otros contemporáneos, desveló una certeza que hoy en día nos parece de sentido común: que todo está formado por átomos entrelazados, desde las arenas de la playa hasta nuestra piel.

Es así como gran parte de nuestro entorno está formado por átomos: todo es química, lo vivo y lo inerte. En la actualidad, son numerosas las sustancias químicas basadas en el carbono. El estudio de estos compuestos permite, avanzar en el conocimiento de los compuestos implicados en la vida y profundizar en el esclarecimiento de los procesos vitales y, por otro lado, elaborar productos como fármacos, polímeros o fitosanitarios que influyen notablemente en la vida cotidiana.

Tal es el caso, de que un pequeño porcentaje de la materia viva está formada por otros elementos como: calcio, sodio, potasio, cloro, yodo, magnesio y el hierro, y constituyen lo que llamamos bioelementos secundarios. Y existen también los oligoelementos: cobre, cinc, manganeso, cobalto, molibdeno, níquel, silicio, entre otros; aunque estén en muy baja proporción, ejercen funciones imprescindibles para la vida. En el caso de los seres vivos están constituidos por cuatro tipos de biomoléculas orgánicas: los glúcidos, lípidos, las proteínas y ácidos nucleicos. La química orgánica se dedica al estudio de vital elemento como el Carbono, pero estos compuestos no los encontramos únicamente en los seres vivos; también son compuestos orgánicos por definición los derivados del petróleo.  La vida está sometida a las largas cadenas de carbono, pero también los polímeros lo están, y de una amplia variedad de fármacos.y son el paradigma de lo inerte.

La etiqueta de lo orgánico puede resultar algo confuso ya que, dependiendo del ámbito en el que se utilice, el término «orgánico» tiene diferentes acepciones. Por ejemplo, separamos la basura en desechos orgánicos e inorgánicos, y en esa división los polímeros van al contenedor de los residuos inorgánicos. En términos químicos lo que realmente estamos haciendo en esos casos es separar los residuos fácilmente biodegradables de los que no lo son. También en ocasiones, especialmente en agricultura, se utilizan indistintamente los términos orgánico y ecológico, a pesar de que en este caso ninguno de los dos adjetivos esté bien empleado.

Lo orgánico, dentro del lenguaje cotidiano, sigue refiriéndose a lo vivo o a lo que alguna vez lo estuvo. Lo orgánico sigue albergando en nuestro ideario inconsciente esa chispa original, esa fuerza vital que consigue alborotar a los átomos y dotarlos de vida.

 

MARIA ELENA RIVERO

 

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