Vivimos para estar bioquímicamente enamorados, por María Rivero

La vida es un proceso constante relativo por el que debemos recorrer diariamente; vivimos en un mundo de dualidad, donde lo opuesto siempre existe. Si hay amor, también el desamor; independientemente de lo que sea, la ciencia también da respuesta a ello. El enamoramiento desde el punto de vista bioquímico se trata de un proceso que se inicia en la corteza cerebral, pasa al sistema endocrino y se transforma en respuestas fisiológicas y cambios químicos ocasionados en el hipotálamo mediante la segregación de dopamina. Cuando nos enamoramos, ¿qué sucede en nuestra mente y en nuestro cuerpo? El cerebro es el órgano donde se llevan a cabo todas las reacciones químicas que acontecen en el amor, con sus cien mil millones de neuronas, es la sede del deseo y el amor; en el cerebro se gestan los procesos que nos hacen desear y amar.

Los animales no disponen de meses o años para procurarse una pareja; cuando comienza la temporada de apareamiento deben iniciar el proceso; por tanto, suelen expresar una atracción instantánea hacia individuos concretos. En nuestro caso, este proceso comienza cuando el enamorado mira a la persona, la imagen de ésta se registra inmediatamente en la retina, estructura que envía una señal nerviosa que viaja a través de los nervios ópticos; los axones de las neuronas transmiten el estímulo eléctrico hacia el lóbulo occipital donde hacen sinapsis con las neuronas de su córtex. Queda registrada la imagen de la persona que ha visto el futuro enamorado; y las neuronas que elaboran la imagen envían estímulos nerviosos que hacen sinapsis en los centros neurales que constituyen el sistema límbico.

En estas estructuras cerebrales se procesan la memoria, la atención, los instintos sexuales, las emociones intensas (el placer, el miedo y la agresividad), la personalidad y la conducta. La persona que han visto nuestros ojos se queda en estos centros nerviosos que aseguran, por la acción de la dopamina, la sensación de bienestar y gratificación. El carácter adictivo del amor depende de la dopamina, pero la reacción en cadena que inicia esta molécula se mantiene mediante la retroalimentación desencadenada por millones de sinapsis cuya función consiste en sostener ese estado de excitación, euforia, alegría, bienestar y fruición, que caracteriza al amor en la fase que conocemos como “el flechazo”.

Por tal razón químicamente el amor se resume en un conjunto de reacciones emocionales en donde hay descargas neuronales (electricidad) y hormonales (sustancias químicas como dopamina y norepinefrina, serotonina, etc.) además de ácidos, gases y olores. El período de enamoramiento dura de 1 a 3 años, a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae, con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y se establecen lazos duraderos con el apego. Debemos tener en claro que, entre el enamoramiento y el amor, la diferencia se marca en que uno se condiciona de reacciones químicas mientras que el otro es un proceso del tiempo, vivencias y entendimiento mutuo.

 

 

MARIA ELENA RIVERO

 

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